Suelo ser hostil conmigo misma, hostil e impulsiva a la hora de actuar. Una combinación que me costó mucho, y cuyo precio toca pagar centavo tras centavo.
Una mala maña que se volvió mi cruz. En este via crucis, cuyo fin es inminente y que se vuelve cada vez turbulento y violento, me es crucial reinventarme para no perecer.
Entonces, ultimamente, intenté cambiar la percepción que tengo de mi misma, para así poder tratarme con cariño, sanar y poder reflexionar un poco más sobre mis acciones.
La reflexión no me costo tanto. Ya no me culpo, logro hacerme cargo de las consecuencias y no condenarme tirándome acido.
Sin embargo, las palabras de aliento para conmigo no encuentran mi voz. Toman el tono y el vocablo de aquel viejo amigo, cuyo nombre ya no pronunció en voz alta y que solo existe como personaje en viejas anécdotas de adolescentes.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario